Retornando a Dios – El Arrepentimiento


Noajismo: Retornando a Dios




EL CAMINO DEL GENTIL JUSTO

Una Introducción a las Siete Leyes de los Hijos de Noé

Por Chaim Clorfene y Yakov Rogalsky

ATENCIÓN:

Ninguna parte de esta publicación,
“El Camino del Gentil Justo” (Clorfene & Rogalsky), puede ser traducida,
reproducida, fotocopiada o almacenada en sistema mecánico o electrónico alguno sin la
autorización explícita de los
responsables de la traducción.
Sin embargo, pueden referenciarse pequeñas porciones del texto, indicando como referencia:

The Path of the Righteous Gentile

(An introduction to the Seven Laws of the Children of Noah)

Chaim Clorfene & Yakov Rogalsky

Derechos: 1987 Chaim Clorfene — Yakov Rogalsky

ISBN 0-87306-433-X


Juan Mayorga Zambrano
(traductor)
&

Yehuda Ribco
(asesor de traducción)

Traducción al Castellano bajo permiso del Rabino Chaim Clorfene
a partir de la edición 1987 (Feldheim Publishers Ltd.)
.

Volver al Índice

RETORNANDO A DIOS

Si algún concepto ejemplifica el conocimiento de Dios, es la convicción del Judaísmo de que el hombre puede alcanzar el arrepentimiento completo. De hecho, el Judaísmo encuentra insuficiente la palabra arrepentimiento, porque la palabra arrepentimiento presupone un estado natural libre de pecado a partir del cual, en realidad, no hay regreso. Al concepto Judío
le corresponde la palabra teshuvá, retorno.

El Cristianismo, por ejemplo, mira al hombre como un ser desesperado, víctima del pecado
original
. Bajo esa perspectiva, el arrepentimiento completo es imposible. ¿Cómo puede uno retornar a su naturaleza pura si (bajo esa premisa) tal estado está de por sí manchado?

En realidad, el arrepentimiento de un pecador es obstaculizado (sólo) por un corazón engañoso y una falta de claridad (quizá autoindulgencia) de su propia mente. Si optara por un acercamiento sincero a Dios, por cierto hallaría las puertas del arrepentimiento abiertas de par en par y entendería que no hay obstáculo que pueda evitarle conseguir tan loable objetivo. De
hecho, Dios abre la puerta a la rectitud para todos y, en Su gran amor y benevolencia, instruye al hombre por el buen camino, como está escrito, “Bueno y honorable es el Señor; por tanto, El enseñara a los pecadores el camino” (Salmos 25:8). Y también está escrito, “El Señor está próximo a quienes Lo llaman en sinceridad” (Salmos 145:18).

¿Cómo puede ser aceptable la idea cristiana del pecado original cuando nueve almas han ascendido a su recompensa eterna sin haber experimentado la muerte? [1] [2] El más notable de estos es, por supuesto, el Profeta Elías quien ascendió a los cielos en un carruaje en llamas (Reyes 2, 2:11). Otra fue Seráj la hija de Asher, quien informó a su abuelo Jacob que (su tío) José estaba sano y salvo en Egipto. [3] De acuerdo con la tradición Jasídica, el gran Rabino Baal Shem Tov, tuvo la oportunidad de ser el décimo en dejar esta tierra sin probar la muerte, pero escogió experimentarla. [4] Contempló todo como emanando directamente de
Dios; por tanto, ultimadamente bueno y digno de ser experimentado, como está escrito,
Los pies de la Shejiná descienden aun hasta la muerte” (Proverbios 5:5 y 7:27).

El Judaísmo rechaza la noción del hombre como un ser atrapado por el pecado original. Aprendemos que Abraham y Sara llevaron adelante aquello en lo que Adán y Eva fallaron (en cumplir). [5] Y Jacob, mediante su exaltado servicio al Creador, consiguió una rectificación verdadera del pecado del Arbol del Conocimiento del Bien y del Mal. [6]

Esto quiere decir que el hombre puede retornar a Dios, sin importar cuán bajo haya caido. El método para que el hombre retorne a su verdadera naturaleza, a un estado alejado del
pecado, está delineado de forma sistemática en el Judaísmo y todo individuo (Israelita o Noájida)
puede llevarlo a cabo. [7]

¿Por qué debería el hombre esforzarse por retornar a Dios? La razón más simple es, por supuesto, para evitar el castigo; pero existe una razón más noble. Supongamos, para hacer una
analogía, que una persona tiene entre sus posesiones una gran pintura de Rembrandt. En tanto que no sepa que es un objeto de inmenso valor, la “arrojaría” al ático sin importarle cuánto moho y polvo la cubrirían. Tan pronto como se enterara que la pintura es “de verdad” y que tiene una obra maestra entre sus posesiones, esta persona ciertamente no demoraría en subir
al ático, rescatando la pintura para limpiarla y restaurarla a su estado original. ¿Acaso el alma de un ser humano no es digna de una atención apropiada? Por ello se dice que “de todos los tesoros que el Creador te ha confiado, el que merece más atención es tu propia alma”.

Parte 1

1. Toda persona debe comprender que nadie puede serle más misericordioso de lo que le es Dios, Bendito Sea. El Creador, Bendito Sea, no oculta nada que pudiera ayudar al desarrollo personal de una persona; porque el hombre es creación de Dios y nadie puede entender mejor como cuidar de una creación que su hacedor original. Si este principio se aplica a un artesano, que no crea cosa alguna sino que simplemente cambia la forma de una creación ya existente, entonces ciertamente también le corresponde a Dios, Quien trae a existencia al hombre (a partir de la nada absoluta) y lo sustenta a cada instante. Dios es omnisciente y entonces conoce los caminos que le son buenos al hombre, qué lo puede dañar
y qué obrará para su beneficio. [8]

2.
Uno debería meditar y reconocer que Dios prodiga grande y abundante bondad sobre el hombre.
Desde el principio de la existencia humana, Dios ha concedido estas bendiciones aun sin que el ser humano sea digno de ellas. Esto no se debe a que Dios tenga necesidad del hombre sino, solamente, por Su gran bondad y generosidad. [9]

3.
Además uno debería entender (en su real dimensión) el hecho que “Dios lo observa todo el tiempo y nada Le es oculto“. Todo permanece revelado ante El. Dios conoce si una persona tiene (o no) plena confianza en El. Por tanto, es apropiado que una persona confíe en Dios y se vuelva a El, abandonando los caminos que son contrarios a El. Al observar los Siete Mandamientos Noájidas con cuidado y prolijidad, uno demuestra que ha puesto toda su confianza en Dios. El entonces reciprocará con confianza en el hombre, guiándolo hacia el éxito
y felicidad en todas las materias. [10]

4.
No hay milagro más grande en la creación que retornar a Dios mediante el arrepentimiento. El arrepentimiento es más grande que la sabiduría. Por medio de la sabiduría, el hombre puede discriminar entre lo bueno y lo malo, escogiendo lo bueno y rechazando lo malo; sin embargo, lo malo sigue siendo malo. Por otro lado, a través del arrepentimiento, el hombre tiene el poder de transformar, milagrosamente, lo malo en bueno; porque el remordimiento por los pecados cometidos puede constituirse en una fuente enorme de energía que lo acerque a Dios con gran amor. [11]

5. Sucedió una ocasión que un Rebé Jasídico se acercó a un individuo que era conocido por ser pecador. El Rebé caminó hacia él y le confesó que le tenía envidia. “Pero Rebé”, dijo sorprendido el hombre, “tu eres un santo y yo un pecador. ¿Por qué deberías tenerme envidia?”.
“Porque”, respondió el Rebé, “tu puedes traer a este mundo una luz mucho más grande de lo que yo puedo. Yo puedo traer bondad a este mundo únicamente al resistirme ante el pecado y al hacer lo que se supone que debo hacer. Tu puedes transformar miles, quizás millones, de malas acciones en actos dignos de elogio al arrepentirte y retornar a Dios”. [12]

Parte 2

1. Si una persona ha transgredido (uno o todos) los Siete Mandamientos Noájidas (ya sea por voluntad propia o sin intensión), al arrepentirse está en la obligación de hacer una confesión verbal, especificando sus pecados delante del Dios de misericordia, Bendito Sea. ¿Cómo debería realizar esta confesión? A este efecto, debería pronunciar palabras como: “Yo suplico ante ti, Dios, pues he pecado sin premeditación. [13] He obrado mal delante de Ti y he hecho esto y aquello. Me arrepiento de mis acciones y siento verguenza; no volveré a hacer esto y aquello“. Esta es la escencia de la confesión. Es elogiable que alguien reelabore esta confesión incrementando su contenido. [14]

2. Un castigo impuesto a una persona por parte de una corte de ley Noájida sirve como una expiación ante la transgresión (en cuestión) si la persona confiesa sus pecados a Dios de la manera que se indicó anteriormente. Asimismo, si alguien lastima a un amigo o le causa una pérdida monetaria, aun si ha repuesto lo que debe, no ha expiado esta transgresión hasta que la confiese a Dios y resuelva nunca volver a cometer tal acción.

3. El arrepentimiento expía todos los pecados. Aun si alguien ha sido malo toda su vida y retorna a Dios el último de sus dias, ninguna de sus malas acciones será mencionada en el Juicio
Divino. [15]

4. ¿Qué es el arrepentimiento completo? Si, después de haber confesado, se le presenta a la persona la oportunidad de repetir la transgresión (en cuestión), y si se resiste y refrena
exclusivamente debido a su arrepentimiento y no debido a un temor hacia alguien (e.g. un policía), y no debido a que es demasiado débil físicamente como para repetir la acción, entonces ha alcanzado el arrepentimiento completo (es un penitente verdadero). Por ejemplo, si un hombre ha tenido una relación prohibida con una mujer y se ha arrepentido y ha confesado, y después de un tiempo sucede que se encuentra a sí mismo a solas con ella otra
vez, y ahora se resiste y no transgrede, esta es una persona que ha alcanzado el completo arrepentimiento. [16]

5. Si una persona retorna a Dios (arrepintiéndose de sus transgresiones) recién en su vejez, en una instancia de la vida donde es incapaz de repetir las transgresiones del pasado, a pesar de que no es la mejor forma de arrepentimiento, efectivamente ayuda a la persona y es considerada como un penitente verdadero que ha retornado a Dios.

6. Aun si uno transgrede toda su vida y se arrepiente el dia de su muerte, y muere como un penitente, todos sus pecados son perdonados. Entonces, si uno recuerda a su Creador y retorna a El antes de morir, alcanza el perdón.

7. ¿Y qué es el arrepentimiento? Es cuando el pecador abandona su pecado, removiéndolo (aun) de sus pensamientos, y está completamente resuelto a no caer en él nuevamente. Consecuentemente se lamenta por lo qué sucedió en el pasado y acepta a Dios, el Conocedor de secretos, como testigo de que nunca volverá a caer en tal pecado. Y necesita confesarlo
verbalmente y declarar las resoluciones que hizo en su corazón. [17]

8.
Aquel que confiesa de boca pero no decide de corazón abandonar su pecado es como quien se sumerge en una pileta ritual [18] teniendo una rata muerta en sus manos. La inmersión en la pileta no conlleva purificación hasta que el individuo se deshace del objeto impuro. [19]

9. En el camino de arrepentimiento, el penitente debería llorar delante de Dios con súplicas y debería dar caridad de acuerdo a su capacidad, (pero sería recomendable) al menos el diez por ciento de sus ganancias y, preferiblemente, el veinte por ciento. También debería distanciarse a sí mismo del “epicentro” del pecado. [20] Debería también enrumbar el camino corrigiendo sus acciones, y
debería exiliarse a sí mismo (de su residencia) porque el exilio conlleva expiación puesto que
enrumba al pecador hacia la humildad. La esencia del arrepentimiento yace en un corazón quebrado y un espíritu humilde. [21]

10. Es elogiable que el penitente haga confesión pública, aun al punto de informar a otras personas sobre sus transgresiones, diciendo a sus pares, “He pecado de tal manera y he hecho tal y tal cosa. Pero he cambiado mi camino, y profundamente lamento mi pasado“. [22]

11. Aquel que es altivo y no informa a otros de sus transgresiones, optando por ocultarlas,
no alcanza el arrepentimiento completo.

12. Cuando hablamos de declaración pública, nos referimos a los pecados entre una persona y su compañero. Los pecados que son entre una persona y su Creador no necesitan ser divulgados y, de hecho, se considera como el mayor grado de desfachatez el revelarlos, porque evidencia que la persona no tiene remordimiento alguno por ellos. Que simplemente vuelva a Dios, Bendito Sea, especificando sus pecados delante de El. Cualquier confesión pública debería ser en términos generales sin especificar los hechos, y el transgresor debería considerar una bendición el que su iniquidad no haya sido revelada.

13. El arrepentimiento es de utilidad sólo cuando se consideran los pecados que uno comete contra Dios. Para los pecados entre uno mismo y algún par, primero hay que pacificarlo y pedirle perdón. [23]

14. Si una persona recibe una disculpa, no debería rehusarse a aceptarla sino que debería perdonar y ser cuidadoso de no sentir enojo hacia una tercera persona. Al momento en que
alguien le pide perdón, debería concederle el favor de todo corazón y con un espíritu sincero. [24]

15. Toda persona debería considerarse perfectamente balanceada entre la recompensa y el castigo. De forma similar, debería ver al mundo entero balanceado en dependencia de sus propios actos. Si comete un pecado, inclina la balanza del juicio hacia la culpabilidad (suya y) de la tierra entera y, consecuentemente, podría ser la causa de la destrucción (propia y) de la tierra entera. Pero si lleva adelante una buena obra, inclina la balanza del juicio hacia el mérito (suyo y) de la tierra entera y, entonces, puede traer salvación y liberación para (él y) la tierra entera. [25]

Parte 3

1. A toda persona le ha sido entregado el poder de autodeterminación. Si desea dirigir su
vida hacia lo bueno y justo, el poder está en su mano. Si desea conducirse por el camino de perdición, es, también, su decisión. [26]

2. En este aspecto, el hombre es único, no hay otra creación que se le asemeje: el intelecto del hombre le permite distinguir entre lo bueno y lo malo. Hace lo que desea hacer y nadie puede impedir que escoja entre hacer lo bueno o lo malo.

3. Uno debería descartar la idea “ingenua” de que Dios ha decretado (desde su nacimiento) el destino del hombre, como justo o malvado. No hay tal cosa. Toda persona tiene la capacidad de convertirse en justo o malvado, bondadoso o cruel, generoso o egoísta en cada
situación que se le presenta. Lo mismo respecto a los otros defectos de personalidad y habilidades para vivir conforme a las normas de conducta (o ética) que Dios ha provisto para el hombre.

Es verdad, sin embargo, que un individuo podría haber nacido con alguna tendencia hacia un determinado problema de comportamiento; pero, en todas las instancias, está en su poder vencer tales tendencias naturales. Nadie nace con el adjetivo de ladrón o desviado sexual. [27]

4. Si Dios hubiera predeterminado el destino del individuo, ya sea para el bien o para el mal, ¿sobre qué base podría el justo ser recompensado y el malvado ser castigado? Así como el
Creador dispuso que nuestro planeta girara y que todas las otras criaturas del mundo actuaran de acuerdo con la naturaleza que Dios escogió para ellas, de igual manera Dios deseó que el hombre tuviera libre albedrío para determinar sus acciones. [28]

5. Por tanto, el hombre es juzgado de acuerdo a sus actos. Si hace lo bueno, bueno le es hecho a él. Si hace lo malo, mal le es repagado. Y en un tiempo futuro, tendrá que someterse a
Juicio por sus pensamientos, palabras y acciones. Si una persona cumple con los Siete Mandamientos Noájidas, haciendo por tanto lo bueno en este mundo, habrá de ser recompensada con ilimitado bien de parte de Dios.

6. La recompensa por hacer el bien es cientos de veces mayor que el castigo por hacer el mal, pues está escrito: “porque Yo el Señor tu Dios soy un Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de aquellos que Me aborrecen; y que muestro misericordia hasta mil generaciones en aquellos que Me aman” (Exodo 20:5-6).

Parte 4

1. Cuando una persona comete concientemente una transgresión (bajo deseo propio), corresponde que sea castigado por ello de manera que reciba el repago por sus actos. Dios sabe cuál es el repago exacto. La sentencia podría establecer que el castigo sea recibido en este mundo con aflicciones del cuerpo (enfermedades o “accidentes“). Por otro lado, el
castigo podría tomar la forma de una pérdida (de propiedad o dinero), o los hijos del pecador podrían verse afligidos a causa de las malas acciones de su padre. Hay también pecados para los que la sentencia dictamina que sean repagados en el Mundo por Venir, y de esta manera ningún perjuicio le acontece al transgresor en este mundo. Y hay pecados que deberán ser
repagados tanto en este mundo como en el Mundo por Venir. [29]

2. Uno debería considerar una bendición [30] el ser castigado en este mundo, puesto que el Mundo por
Venir es eterno y todo en él es eterno. Esto da alguna luz para entender el porqué los justos sufren y los malvados prosperan. Es como si Dios dijera acerca del malvado, “Lo poco de bueno que ha hecho en este mundo se lo repagaré en este mundo así que no le queden restos de la recompensa en el Mundo Eterno; y, que el repago por sus pecados lo espere en su dimensión completa”. Y respecto al justo, es como si Dios dijera, “Por sus pocos pecados yo lo castigaré en este mundo, donde las aflicciones son transitorias; y por su gran número de méritos Yo retendré la recompensa en este mundo para verter sobre él la bondad eterna del Mundo por
Venir en su más excelsa medida”.

3. Cuando hablamos de un hombre pagando por sus malas acciones, esto presupone que no se ha arrepentido ni las ha abandonado. Pero si se arrepiente, se considera que hay un escudo entre él y el castigo. Así como un hombre peca debido a su propio entendimiento y libre elección, puede también arrepentirse a través de su entendimiento y libre elección. [31]

4. Hay una circunstancia en la que Dios no ofrece a una persona la oportunidad de arrepentirse: cuando con su propio entendimiento y libre voluntad, ésta comete un pecado extremadamente grave o un número abrumador de pecados (tales como provocar que muchas otras personas pequen al guiarlas a la idolatría o al encaminarles para que sigan una falsa doctrina religiosa). En este caso, la oportunidad de abandonar su maldad no le es garantizada con el propósito de que esta persona se pierda en sus propios pecados. Sin embargo, esto simplemente quiere decir que el arrepentimiento no le es hecho fácil a aquella persona. De hecho, está escrito que nada puede permanecer de pié entre un hombre y el arrepentimiento,
porque una persona puede siempre vencer los obstáculos y, mediante fuerza de voluntad, retornar a Dios en arrepentimiento completo.
[32]

5. Toda persona debería de forma constante considerarse cercana a la muerte; entonces, al encontrarse a sí mismo en estado pecaminoso no tardaría en arrepentirse de sus faltas.
No debería apelarse a la idea de que, “Cuando envejezca, me arrepentiré”. Quizás muera antes de llegar a la vejez… [33]

6. Uno no debería decir que el arrepentimiento se aplica sólo a pecados donde hay una
“acción” de por medio, tal como el robo y relaciones sexuales prohibidas. De la misma manera que el hombre debe arrepentirse de estas (acciones), debe estar atento a sus defectos de personalidad y arrepentirse por ellos: por su enojo y su odio, por sus celos y disparates, por buscar en exceso la riqueza y el honor, por su glotonería excesiva, etc. Por todos ellos, debería retornar a Dios; porque para una persona que está inmersa en estos defectos es más díficil abandonar pecados más graves que sí involucren (malas) acciones. [34]

7. Un penitente sincero no debería preocuparse de que, como resultado de sus pecados, esté a una distancia considerable del estatus exaltado de los justos. La verdad es que él es amado y atesorado por el Creador como si no hubiera cometido pecado alguno. Más aún, cuando se arrepiente, su recompensa es enorme: ha probado el pecado y se ha alejado de él, y ha conquistado su inclinación hacia el mal. Esto le hace con mucho más grande que aquel que jamás ha probado el pecado, porque ha conseguido una victoria espiritual de mayor envergadura. [35]

8. Deberán ser los caminos del penitente la humildad y una gran modestia. Si tontos y/o patanes lo molestan por sus actos del pasado diciéndole, “Ayer estabas haciendo tal y tal cosa, y ahora tratas de presentarte tan alto y exaltado”, no debería prestarles atención, sino escucharles en silencio y regocijarse al saber que tales vejámenes están trayéndole un gran mérito. Cuando un penitente está avergonzado por sus actos del pasado y es humillado por estos, sus méritos se incrementan y su nivel espiritual es exaltado. [36]

9. Es un pecado grave decirle a un penitente, “recuerda tus obras del pasado”, o mencionarle algo de sus caminos pasados con el propósito de avergonzarlo, o mencionar ideas o incidentes que le puedan recordar lo que hizo.

10. Grande es el arrepentimiento, porque acerca a una persona a su Creador; y, de hecho, mientras mayor sea la distancia de uno, más cercano y bien amado uno puede llegar a ser a través del arrepentimiento. “Ayer era despreciable delante de Dios; estaba distanciado, provocaba disgusto y abominación. Y hoy, es precioso, cercano y apreciado…” [37]

Parte 5

1. El tesoro reservado para los justos es la vida eterna en el Mundo por Venir. Esta es una vida que no incorpora muerte. Allí lo bueno no coexiste con lo malo. Por otro lado, el castigo para el malvado es que no amerite esta vida, sino que sea cortado, que se extinga. Y todos quienes (estando vivos) no ameritan el Mundo por Venir son considerados realmente muertos. Los malvados son cortados en su maldad y perecen como animales. Esto es, el malvado, cuya alma es separada del cuerpo por “extinción espiritual”, no tiene el mérito de la vida eterna en
el Mundo por Venir. [38]

2. Perder la vida en el Mundo por Venir es la retribución más terrible, porque esta es una pérdida total y una destrucción completa. Se pierde (el alma) sin posibilidad de recuperarla porque el arrepentimiento y el retorno a Dios pueden ser alcanzados sólo en el lapso en que el alma está ligada al cuerpo, en este mundo material. Una vez que el alma se ha separado del cuerpo, perdió su oportunidad para buenas y malas obras y para el arrepentimiento. Entonces es el tiempo para recompensa o castigo. [39]

3. Hay ciertas personas (mal guiadas) que imaginan que la recompensa (por obedecer los mandamientos de Dios y por seguir el camino de verdad) consiste en heredar un paraiso donde podrán comer y beber suntuosamente, donde podrán disfrutar de relaciones con “bellas formas”, donde vestirán lino y prendas brocadas, donde podrán vivir en palacios de marfil y usar menaje de oro y plata, y otras fantasías similares. El hombre de sentido común fácilmente constatará lo vano y tonto de estas ideas, y se percatará que no conllevan significado espiritual alguno. Estas ideas evidencian una carencia de entendimiento y una actitud compulsiva hacia el materialismo, porque es sólo debido a que tenemos cuerpos que estas cosas tienen algún sentido. Todos estos sueños de placeres sensoriales son atractivos sólo para el cuerpo; el alma no se interesa por ellos. El alma desea satisfacer de buena manera las necesidades corporales
de manera que se mantenga una buena salud y, definitivamente, no recibe placer alguno de los placeres sensoriales. [40]

4. Para el tiempo de la vida eterna, donde no hay cuerpo ni existencia física, estas cosas materiales serán completamente nulificadas. Y allí, en el Mundo por Venir, la gran bondad es exclusivamente para el alma. En este mundo no hay manera de obtener ni una pizca de entendimiento sobre este tipo de placer. Pero las delicias del Mundo por Venir están de hecho mucho más allá de cualquier concepto humano; no hay nada en este mundo que se compare a su bondad sobrenatural.

5. Los Sabios de Israel lo llaman Mundo por Venir no debido a que existirá en un tiempo futuro (y que en consecuencia no podría ser alcanzado aquí y ahora), sino debido a que es la vida que, a los ojos del hombre, le deviene después de la vida física en este mundo, en que el alma está encapsulada en un cuerpo físico. El Mundo por Venir existe aquí y puede ser encontrado ahora. Es encontrado de la manera en que fue encontrado desde el principio de los tiempos. [41]

6. Se nos aconseja enrumbarnos por el Camino Derecho porque “esta ruta es buena y apropiada”, como está escrito, “Tu caminarás en Sus caminos” (Deuteronomio 30:16). Así como Dios es compasivo, el hombre debe ser compasivo. Así como Dios es llamado misericordioso, el hombre debe ser misericordioso. Es obligación de hombre seguir el ejemplo de Dios a lo máximo de sus capacidades. [42]

7. Una persona puede adquirir el hábito de conducirse de esta manera al llevar adelante actos que reflejen moderación, repitiéndolos constántemente hasta que se vuelven carne, virtudes permanentes. Y debido a que estas virtudes reciben nombres tales como compasivo, misericordioso, bondadoso, justo, con los cuales el Creador es llamado, esta filosofía de vida – el Camino Derecho – es llamado el camino de Dios. Quienquiera que camine por esta senda trae bondad y bendición para sí mismo. [43]

8. Este Camino Derecho constituye un esfuerzo por la moderación en todos los aspectos (de la vida), en los placeres físicos, expresión emocional, aun en los objetivos
intelectuales y espirituales. Cuenta una parábola de un hombre religioso quien descubre que al apartarse de un cierto placer físico se siente automáticamente más cercano a Dios. Y entonces, ¿qué hace? Se va al extremo, convirtiéndose en un ermitaño, negándose a sí mismo todo lo de este mundo, renegando de la calidad humana de su existencia. No pasa mucho y
se degenera a un nivel de deshumanidad que parece un animal salvaje, mucho más lejano de Dios de lo que estuvo antes de empezar su travesía espiritual. [44] El hombre es un ser finito, con un intelecto limitado, emociones limitadas, fortaleza física limitada. Dios es infinito. No hay manera de que el hombre, al usar su propia razón y poder, pueda alcanzar al Creador. Esta es la razón por la cual la conclusión del ermitaño, que se presenta como lógica, le hace tropezar. El hombre puede acercarse al Infinito sólo a través del método que, para él, ha prescrito el Infinito; y el camino prescrito es el camino de la moderación, el Camino Derecho.

9. Hay excepciones. Cuando se presenta el enojo o el falso orgullo, uno debería esforzarse al máximo por evitar estos defectos destructivos.

El enojo es controlado y (ultimadamente) eliminado al hablar suavemente a todas las personas en todas las instancias y en todas las situaciones. [45]

Y el orgullo es combatido al comprender que uno es nada y, de hecho, nada alcanza excepto por lo que Dios esparce como un regalo.

Otra excepción al camino derecho es lo que se llama shtus d’kedushá, la inocencia de la santidad. Esto quiere decir que el hombre, al encontrarse a sí mismo en una situación donde siente que será absorbido por el deseo de placeres físicos (aun aquellos permitidos), algunas veces debe actuar al extremo, evitando completamente tales placeres, con el fin de controlar la situación y, eventualmente, alcanzar la moderación. [46]

10. Con el propósito de asegurar el éxito de los esfuerzos (por aprender el Camino Derecho),
es importante escoger un amigo respetado como consejero y confidente. Cuando la duda o la preocupación se presentan en lo concerniente a las Siete Leyes de Noaj, el asesoramiento en la situación proveerá objetividad para determinar el apropiado curso de acción. Esto es llamado, Aseh leja rav (consíguete un maestro para tí mismo). [47] Este sistema de “compadrazgo” espiritual expandirá la perspectiva y claridad propias; objetivo que puede ser alcanzado aun
si el consejero no llega a vestirse de genio o gigante espiritual. Lo que se busca aquí, es la habilidad para abrirse a un diálogo sincero. Esto puede ser alcanzado aun con un consejero que posée un nivel (espiritual) inferior al de aquel que busca el consejo.

11. Toda persona en la tierra cuyo espíritu es humilde y quien diferencia entre lo bueno y lo malo con el propósito de “estar bien” delante de Dios, [48] santifica el Nombre de Dios. Dios será la porción de la persona: la heredad en este mundo y en el Mundo por Venir por siempre y para siempre. Y ameritará el éxito en todos sus esfuerzos materiales en este mundo. [49] Como está escrito, “Busca al Señor mientras puede ser encontrado; clama a El mientras está cercano” (Isaías 55:6).

Volver al Índice

Referencias


[1] Yalkut Shimoni, Ezequiel, capítulo 367, sección 28.

[2] Las nueve almas que entraron al Jardín de Edén sin haber probado muerte son Enoc, Elías, Mesías, Eliezer (el siervo de Abraham), Oved el Rey de Cush, Jiram el Rey de Tzor, Yaabetz (el nieto del Rabino Yehuda el Principe), Seráj la hija de Asher, y Batya la hija de Faraón, quien adoptó a Moisés. Hay una opinión respecto a que el Rabino Yehoshua ben Leví es uno de los nueve (en lugar de Jiram Rey de Tzor).

[3] Yalkut Me’am Loez, Rabino Yakov Culi, Génesis, volumen 2, página 779.

[4] Sefer HaArjin Jabad, Y. Kahn, volumen 1, páginas 83,84.

[5] Talmud de Babilonia, Baba Batra, capítulo 5.

[6] Talmud de Babilonia, Baba Batra, capítulo 5.

[7] Deberes del Corazón, Puerta de Arrepentimiento, capítulo 10.

[8] Deberes del Corazón, Puerta de Confianza en Dios, capítulo 3.

[9] Deberes del Corazón, Puerta de Confianza en Dios, capítulo 3.

[10] Deberes del Corazón, Puerta de Confianza en Dios, capítulo 3.

[11] Shaare Teshuvá, El Rebé Mittler, capítulo 1.

[12] Cuentos de los Jasidim, Zevin, Historias de las Festividades Judías, cuento 45, pág. 45.

[13] O si es el caso, “he transgredido voluntariamente“.

[14] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 1, ley 1.

[15] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 1, ley 3.

[16] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 2, ley 1.

[17] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 2, ley 2.

[18] La mikvé o pileta ritual es usada para cumplir con mandamientos como el de Pureza Familiar y para concretar un proceso de Conversión formal al Judaísmo

[19] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 2, ley 3.

[20] Que puede ser una cosa, una persona o una circunstancia.

[21] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 2, ley 4.

[22] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 2, ley 5.

[23] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 2, ley 9.

[24] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 2, ley 10.

[25] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 3, ley 4.

[26] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 5, ley 1.

[27] Sija, del Lubavitcher Rebé, Purim 5746 (1986)

[28] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 5, ley 4.

[29] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 6, ley 1.

[30] O, una gran manifestación de misericordia.

[31] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 6, ley 2.

[32] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 6, ley 3.

[33] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 7, ley 2.

[34] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 7, ley 3.

[35] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 7, ley 4.

[36] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 7, ley 8.

[37] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 7, ley 6.

[38] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 8, ley 1.

[39] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 8, ley 5.

[40] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 8, ley 6.

[41] Mishné Torá, Leyes sobre el Arrepentimiento, capítulo 8, ley 8.

[42] Mishné Torá, El Libro del Conocimiento, capítulo 1, ley 6.

[43] Mishné Torá, El Libro del Conocimiento, capítulo 1, ley 7.

[44] Podemos entender la causa de este tropiezo al considerar (el ejemplo de) dos hombres, uno con una moneda de oro y el otro con un millón de monedas de oro. Obviamente, el hombre con el millón tiene 999.999 más que el otro hombre. Ahora consideremos el caso de tres hombres, uno con una moneda de oro, el segundo con un millón y el tercero con un número infinito de monedas. ¿Quién está más cerca del hombre que tiene un infinito número de monedas de oro? ¡Tanto el hombre con una moneda como el que tiene un millón están a la misma distancia! Así es con cualquier campo del interés humano.

[45] Iggeret HaRamban, Carta de Najmánides a su hijo.

[46] Bati l’Gani, página 4.

[47] Capítulos de los Padres, 1:6, Aseh leja rav

[48] Esto es, para servirLe y conocerLe y caminar derecho por Su senda, removiendo el yugo de la trama y el cálculo con que la mayoría de las personas conducen sus vidas.

[49] Mishné Torá, Leyes sobre los Años Sabáticos y de Jubileo, capítulo 13, ley 13.