¿Y ahora qué?


León Febres Cordero junto a Fidel Castro.

A la segunda vuelta para elegir presidente de Ecuador en 1984, llegaron Rodrigo Borja Cevallos (centroizquierda) y León Febres-Cordero (derecha). En aquel entonces yo tenía 7 años pero ya tenía “clara la película”: en mi familia cercana todos botarían por Borja de manera que yo asumí que él era el bueno y que León era el malo.

Recuerdo que había alegría pues Borja había ganado la primera vuelta. El día de las elecciones, mi papá me llevó con él y fuí yo quien votó por Borja, es decir yo rayé en la papeleta de votación. Salí feliz de que con mi voto Borja sería el presidente…

A la noche de ese mismo día recuerdo que las radios transmitían, como si fuera un partido de fútbol, los resultados de juntas electorales conforme iban llegando al Tribunal Supremo Electoral. Al oir la transmisión me sorprendía porque cuando la junta era de la sierra, ganaba Borja en tanto que si la junta era de la costa, ganaba León. ¡O sea que no todos estaban con Borja!

Cuando avanzaba la noche y regresábamos en vehículo a casa uno de los periodistas dió un reporte nacional donde iba ganando León y mencionaba que aparentemente la tendencia era estable y que León sería el próximo presidente. Triste. Les pregunte a mis padres: “¿Y ahora qué?”. Me respondieron: “Nada. León ganó. Tendremos que esperar cuatro años más”. Nunca hubo duda de que efectivamente León ganó.

Aprendí entonces lo que era la democracia, aprender a respetar el mandato de la mayoría aunque no me gustara. Desde entonces la lección se me quedó grabada: en Democracia así funciona. Y, si el pueblo se equivoca, habrá que esperar otros cuatro años…

Quisiera tener esa misma sensación hoy. Pero no es así. No puedo afirmar que hubo fraude en la elección de ayer. Pero en el aire no respiro la transparencia con que ganó “el malo de León” cuando yo era chico. Saber que el Consejo Nacional Electoral no es autónomo totalmente del gobierno me deja un sabor de boca muy desagradable. ¿Fue legítima la victoria? ¿Realmente lo fue?

Lo que sí está claro, independiente de quién sacó más votos, es que el país está dividido casi exactamente a la mitad. Veo odio en los dos lados, veo ganas de eliminar al otro en los dos lados. Veo que la Democracia ecuatoriana se nos vá. Percibo que la poca autonomía de poderes que quedaba se va a esfumar.

Hay gente buena y mala de izquierda. Hay gente buena y mala de derecha. Ojalá se entienda esto los años por venir para que haya paz en Ecuador. Esperemos cuatro años más: a lo mejor veo ganar, sin que me quede duda alguna, a algún Borja o algún León. A lo mejor en cuatro años comenzamos a entender la importancia de una verdadera Democracia y de la separación de poderes en un Estado democrático.

 

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Acerca de Juan Mayorga Zambrano

Juan Mayorga Zambrano, Ph.D. Profesor Investigador Ecuador
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Dictadura, Economía, Etica, Justos entre las Naciones, Latinoamérica, Noajismo, Siete Leyes Universales, Venezuela. Guarda el enlace permanente.

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