El mejor maestro


Por Rivka Levy

Mis siete años de infertilidad me han mostrado que muchos tenemos una mala concepción acerca de lo que la emuná realmente es. Emuná no quiere decir que Dios hará lo que deseas, que tu reces para que El automáticamente responda. Emuná quiere decir que como quiera que Hashem haga, debes esforzarte por ser feliz por ello y que debes esforzarte por creer que es lo mejor que podría pasar.

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Traducción: Juan Mayorga Zambrano
Publicado con autorización de Breslev Israel: http://www.breslev.co.il/

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Han pasado dos años desde que escribí “Maybe Baby” (“Quizás Bebé”), una de las primeras cosas que escribí para la página de Breslev Israel. Ese artículo tenía que ver con algunas de las luchas que yo tenía y que estaban relacionadas con mi infertilidad: yo peleaba para creer que la oración era efectiva; que Hashem era bondadoso; que yo podía ser feliz con mi porción, aun a pesar de la `carencia´ que yo sentía en mi vida familiar.

Cuando estaba escribiendo ese mi primer artículo, apenas había empezado a aprender el principio de agradecer a Hashem por aquellas cosas que nos causan mayor dolor. Y tengo que reconocer que cuando empecé a intentar `agradecer´ por mi infertilidad, realmente me empezó a ayudar casi inmediatamente.

Pero algunas cosas están tan enraizadas, que no se sueltan de la noche a la mañana. Aun después de meses de agradecer, aún tenía malos días, cuando me sentía muy mal por mi misma y vacía por dentro. El lapso en el que potencialmente podía “suceder algo” era el peor: podía llegar a hundirme cuando me daba cuenta de que nada ocurrió.

Lo más duro era la incertidumbre de cuánto esfuerzo debería ejercer. Mi guía espiritual – quien acertó cada vez que me dio un consejo – me había dicho que no fuera a los médicos. Pero cuando el primer año dio paso al segundo y todavía no había pasado nada, se volvió más y más difícil confiar en que el consejo recibido fue el apropiado. Mi fe tambaleó y tambaleó; casi pierdo la pelea un par de veces, Di-s no lo permita, pero Hashem siempre me empujo de vuelta antes de que creyera, hiciera, o dijera algo demasiado terrible.

Pero para Rosh Hashaná 2008 – habiendo visto que una tras otra mis amigas consultaban a los médicos, lograban embarazos y tenían bebes – sucumbí e hice una cita médica. Fue terrible por múltiples razones. Primero que nada, me sentía terrible por hacerlo en contra del consejo de mi guía – simplemente no podía encontrar paz por el pensamiento persistente de que `quizás´, después de todo, Hashem deseaba mayor esfuerzo de mi parte.

En segundo lugar, el médico mismo era terrible. Usando una kipá sobre su cabeza, tomó asiento y recitó una y otra vez la posibilidad de abortar bebes en caso de un embarazo múltiple. Dejó bien en claro que según él yo había sido ingenua al demorarme tanto en buscar ayuda profesional. “¡Si hace lo que le digo a partir de este instante, le garantizo que tendrá seis hijos para el tiempo en que cumpla 40!”.

Lloré y lloré en el vehículo cuando iba a la clínica, y también de regreso. Pero decidí que al menos debía averiguar que andaba mal. Hice todas las pruebas médicas, por si los equipos y los médicos pudieran encontrar alguna razón por la que no conseguía mi objetivo.

Ahí es cuando dejé de ir a lo de los médicos. De repente comprendí que había una razón por la que no estaba sucediendo lo que anhelaba – la razón era Hashem – y que ningún esfuerzo lograría mover un milímetro la situación. Tuve que aprender esta lección un par de veces más con practicantes de `medicina alternativa´ antes de realmente comprender. Pero cuando la última señora a la que recurrí simplemente no pudo entender porque el remedio que `siempre funcionaba´, simplemente no trabajaba conmigo, alcé mi bandera blanca.

Finalmente acepté que Hashem no deseaba que yo tuviera más hijos; ni quería que yo intentara evadir Su decreto buscando por aquí y allá; y (la parte realmente difícil…) al mismo tiempo quería que yo fuese feliz con Su decisión.

Pero inicialmente fue demasiado difícil. Fue difícil cuando amigos preocupados me recriminaban por `no buscar ayuda´. Fue realmente complicado escuchar como personas se quejaban por sus embarazos, o por la gran responsabilidad de cuidar muchos hijos. Lo más duro de todo fue cuando una antigua amiga empezó IVF (inseminación in vitro), concibió gemelos al primer intento, para entonces decirme que yo carecía de emuná (fe) y que, si sólo tuviera más fe en Hashem, yo también tendría más hijos.

Lo último me hirió mucho, pues yo realmente creía que era un mensaje desde arriba. Pero, ¿cuántos años puedes cargar con el peso de que `va a suceder´ sin que tu alma sea devorada desde adentro?

No es que yo crea que no pueda suceder, Di-s no lo permita. Sé que, si así lo dispone Hashem, puede suceder mañana. Es sólo que hasta ahora no ha querido. Y no tengo manera de saber si la cosa va a cambiar en el futuro.

Pero en el entretiempo, tuve el reto de aprender cómo ser feliz con mi porción – y rogué a Hashem que me ayudara a vivir con ella. Y El me ha ayudado. Me mostró que no soy la clase de persona que puede lidiar con demasiado ruido, desorden y requerimiento físico – yo necesitaba mi silencio y mi espacio, sin contar con los defectos que estoy luchando por corregir.

El me mostró que antes de este lapso, siete largos años de infertilidad, yo no apreciaba realmente el regalo que constituyen mis hijos. Ellos son tan, tan preciosos para mi ahora, precisamente debido a que no doy por hecho su existencia. Y El también me mostró que mi infertilidad era probablemente el factor que más me enseñó a ser humilde y que me acercó a Él.

He entendido otras cosas recientemente. Si hubiera tenido más hijos, nunca me hubiera dado cuenta que no estaba viviendo en el lugar correcto. Cuando te puedes quejar acerca de tu falta de sueño o por el precio de los pañales desechables, nunca te falta algo que decir. Pero cuando no puedes usar a tus hijos para romper el hielo, entonces realmente ves si tienes realmente cosas en común con tus pares. Y yo no tenía. Y ese descubrimiento fue realmente un regalo pues, unos meses atrás, nos dimos cuenta que debíamos cambiar nuestra residencia.

Hashem también me dio claridad para reconocer que mi valor como persona no está definido por mi trabajo o mi rol. Por dos años, me senté en casa, sin trabajo, esperando `ser´ de nuevo mamá. Y cuando eso no pasó, me forzó a entender que tener bebes, con lo importante que es, no es la razón por la que fui puesta en este planeta.

Así que, ¿cuál fue la razón?

En breve, me di cuenta que estoy aquí para arreglar mi alma. No para hacer dinero, ni para cocinar galletas ni para ganar premios al padre del año. Estoy aquí para arreglar mi alma, y retornar a mi Hacedor en un mejor estado.

Pero la mayoría de nosotros hará lo posible para no confrontar esta realidad. Buscamos en nuestro entorno cosas que nos mantengan ocupados, nos den prestigio y nos ayuden a sentir que somos socialmente exitosos; pero, de hecho, al ocuparse en todas estas cosas terminamos siendo los fracasos más profundos. Fallamos en percibir aquello para lo que estamos aquí abajo, para arreglar almas.

Y mientras más retos tengo, más cosas dejan de salir a mi manera, más complicada me siento de manera que ya no tengo algo que se parezca a una carrera, y no tengo algo que me mantenga `ocupada´ a tiempo completo en la medida que mis hijos crecen – y más fácil se vuelve trabajar sobre mi alma.

Todavía doy las gracias a Hashem por mi infertilidad, pero ahora, realmente siento que soy sincera. Ahora realmente aprecio que es y fue un regalo, el mejor posible, para mi alma. Ha sido el mejor `maestro´ que pudiera tener cuando se trata de aprender humildad, paciencia, emuná y sentimiento de gratitud.

Mis siete años de infertilidad me han mostrado que muchos tenemos una mala concepción acerca de lo que la emuná realmente es. Emuná no quiere decir que Dios hará lo que deseas, que tu reces para que El automáticamente responda. Emuná quiere decir que como quiera que Hashem haga, debes esforzarte por ser feliz por ello y que debes esforzarte por creer que es lo mejor que podría pasar.

Acerca de Juan Mayorga Zambrano

Juan Mayorga Zambrano, Ph.D. Profesor Investigador Ecuador
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Breslev, Etica, Familia, Hijos, Judaísmo, Justos entre las Naciones, Noajismo, rezo, Siete Leyes Universales. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El mejor maestro

  1. Juan Ruesga Hernàndez dijo:

    Mientras màs vivo, màs me sorprendo. Estos testimonios me siguen diciendo lo mismo: Nunca estaremos felices con lo que tenemos, siempre estaremos pidiendo recibir màs, ¡No importa lo que sea! Nuestro egoismo siempre querrà màs. Lo ùnico que no se quiere recibir; es la edad. El egoismo es tanto; que hasta se hacen cirugias en el cuerpo para verse màs jovenes; quitarse años. -Pero este testimonio me deja una enseñanza y toda la seguridad; que Adonay, siempre harà su voluntad no importa nuestro desceo intrinseco de recibir. BARUCH HA’SHEM por eso. Un saludo desde Mèxico a todos.

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