Mi arrepentimiento


Los pecados que son entre una persona y su Creador no necesitan ser divulgados y, de hecho, se considera como el mayor grado de desfachatez el revelarlos, porque evidencia que la persona no tiene remordimiento alguno por ellos. Que simplemente vuelva a Dios, Bendito Sea, especificando sus pecados delante de El. Cualquier confesión pública debería ser en términos generales sin especificar los hechos, y el transgresor debería considerar una bendición el que su iniquidad no haya sido revelada. “El Camino del Gentil Justo” (Clorfene & Rogalsky)

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A veces cuando voy en autobus o mientras camino por la calle se me vienen como flashes imágenes de cosas malas que hice en el pasado. Es involuntario. Pero cada vez que me pasa le pido a Dios de todo corazón que no me las quite. No porque disfrute de ellas sino porque me recuerdan que he caminado un largo trecho desde que cometí esas faltas y porque, en su misericordia, el Creador me ha dado energía para revertir y/o enmendar bastantes de esas faltas.

Durante esos microsegundos que duran esas imágenes siento la verguenza más grande, como si la transgresión hubiera sido cometida hace muy poco. Recuerdo que no todo es enmendable. Mi pasado está ahí. Está escrito. Yo lo escribí. Soy responsable por él.

Los pecados que son entre una persona y su Creador no necesitan ser divulgados y, de hecho, se considera como el mayor grado de desfachatez el revelarlos, porque evidencia que la persona no tiene remordimiento alguno por ellos. Que simplemente vuelva a Dios, Bendito Sea, especificando sus pecados delante de El. Cualquier confesión pública debería ser en términos generales sin especificar los hechos, y el transgresor debería considerar una bendición el que su iniquidad no haya sido revelada. “El Camino del Gentil Justo” (Clorfene & Rogalsky)

Cuando un ser humano, gentil o judío, retorna a su Creador después de estar durante mucho tiempo alejado (por su propio incumplimiento de deberes) tiene una carga de energía enorme alimentada por su arrepentimiento. Es tan fuerte su motivación que, como dicen los Sabios de Israel, “No hay nada que pueda interponerse ante un corazón arrepentido que desea volver a su Creador”…

Si alguien tiene sana curiosidad de cómo llegué a encaminar mi vida en las Siete Leyes, puede seguir el link y también este otro link.

A un amigo querido, judío ortodoxo y fiel observante toda su vida, le dije una vez que estaba equivocado en su razonamiento sobre un determinado punto del quehacer noájida. Mi argumento radicaba en que él no entendía bien la raíz del asunto en cuestión pues no ha vivenciado lo que nosotros los noájidas modernos hemos pasado para llegar al camino derecho.

Independiente de los motivos, razones o pretextos,  nos ha costado muelas, hemos tropezado y no una única vez. Somos viajeros que nos alejamos de nuestro Padre y ahora retornamos.

Un penitente sincero no debería preocuparse de que, como resultado de sus pecados, esté a una distancia considerable del estatus exaltado de los justos. La verdad es que él es amado y atesorado por el Creador como si no hubiera cometido pecado alguno. Más aún, cuando se arrepiente, su recompensa es enorme: ha probado el pecado y se ha alejado de él, y ha conquistado su inclinación hacia el mal. Esto le hace con mucho más grande que aquel que jamás ha probado el pecado, porque ha conseguido una victoria espiritual de mayor envergadura. “El Camino del Gentil Justo” (Clorfene & Rogalsky)

Volvemos con cicatrices, con traumas, con la mochila llena de cosas vanas o peor aún con paquetes enteros de falacias que cual virus obstruyen nuestro normal funcionamiento. Nos vuelven lentos.

Algunos, en nuestra vida de andinistas-buscadores-de-la-verdad, nos subimos a varias montañas equivocadas y, lo que es peor aún, llenamos de piedras (totalmente inútiles y de hecho perjudiciales) nuestras mochilas. De hecho muchos ni siquiera utilizamos (a su tiempo) el sentido común (que a veces parece ser poco común) para sacar las piedras de las expediciones anteriores. ¿Cuál es el resultado? Que, progresivamente, el mochilero se va haciendo cada vez más daño a causa del peso e inutilidad del incrementado peso. Pero peor aún: en su búsqueda se acostumbra a cosas complicadas y parece cada vez más autoconvencido de que “seguro llegar a la verdad debe doler“. “Bajarse de la montaña para aprender a vivir bajo el agua” (Mayorga,J.)

Pero entre las cosas que más dolor provocan al noájida penitente está el escuchar a personas que se tenían por amigos o “hermanos” hablar mal.

Deberán ser los caminos del penitente la humildad y una gran modestia. Si tontos y/o patanes lo molestan por sus actos del pasado diciéndole, “Ayer estabas haciendo tal y tal cosa, y ahora tratas de presentarte tan alto y exaltado”, no debería prestarles atención, sino escucharles en silencio y regocijarse al saber que tales vejámenes están trayéndole un gran mérito. Cuando un penitente está avergonzado por sus actos del pasado y es humillado por estos, sus méritos se incrementan y su nivel espiritual es exaltado. “El Camino del Gentil Justo” (Clorfene & Rogalsky)

Pero la energía proveniente del arrepentimiento es enorme pues “El Señor está próximo a quienes Lo llaman en sinceridad” (Salmos 145:18).

Liberarse de las falacias puede ser doloroso – de la manera en que duele dejar un culto tóxico o una adicción – pero se puede acceder a la libertad plena. Cuanto tiempo se demore una persona en alcanzar la libertad depende de cuán dispuesto esté a despertar su ser racional (adormecido por la idolatría) y a ejercer un juicio crítico pero sin menospreciarse – esforzándose por dar la medida justa a las cosas y buscando la paz verdadera – aquella que se basa en la justicia. “La Falacia del Levantado” (Mayorga, J.)

Trigo limpio es limpio. Puede que antes haya estado manchado, pero ahora es limpio.

Un sábado tarde de invierno después de leer un paquete enorme de artículos, mi mente ya no resistía más: abandoné el Cristianismo de un sólo tirón. Lloré y pedí perdón a Dios. Al día siguiente, tome algunas cosas que me habían prestado en una iglesia evangélica de Viena y corrí a devolverlas. Juré que nunca más entraría en una iglesia… Dejé casi toda mi ropa en Viena. Lo importante era que en la maleta entrara ese montón de artículos que me habían ayudado a liberarme. Mi intensión era llegar “armado”, para poder mostrarles a mis parientes evangélicos los tremendos errores del Cristianismo… “Gracias a Dios que los judíos creen en Dios” (Mayorga, J.)

Me han escrito personas a veces para felicitarme por las traducciones que hice al español de unos libros que (creo yo) ayudan al buscador de la Verdad a liberarse de sus ataduras del pasado idolátrico.  Siempre contesto que tan sólo era mi deber. De hecho, las traducciones nacieron como parte de mi arrepentimiento completo, de mi retorno al Creador, Dios de Israel.

Casi todos esos artículos trataban sobre Judaísmo. Pero un par de hojitas sueltas hablaban sobre unas Siete Leyes. ¡Ah! Pero esas Siete Leyes no eran para mí: yo me convertiría al Judaísmo y cuidado con quien se atraviese en mi camino… No fue difícil hacerle entender a mi parentela cercana que el Cristianismo no es Monoteísmo. Sin embargo, nadie compartía ese tremendo interés mio por el Judaísmo. Pero cuando les leí esas hojitas sobre las Siete Leyes, mi suegra dijo: “Eso, eso mismo quiero yo. ¿Por qué no trae más material que nos lea de eso?“. Así que, por mi suegra, comencé a buscar en Internet ya no Judaísmo sino Noajismo. Lo que encontré fue los libros “The Path of the Righteous Gentile” (Clorfene & Rogalsky) y “The Seven Colors of the Rainbow” (Rabbi Y. Bindman). Costaban unos dólares que para mi eran imposibles. Pero decidí al menos bajar unos resúmenes del libro de Clorfene & Rogalsky para leerlos a mi suegra. Entonces, como que nada, un día que caminaba apesadumbrado por la dura situación que atravesaba junto a mi esposa e hijo (estábamos incluso de allegados donde mi suegra), me dije a mi mismo que si tenía esos libros en mis manos, los estudiaría hasta que me los supiera de memoria…

Decidí que me daría modos: compraría esos libros y los traduciría. De esa manera, yo podría enviar por email, capítulo a capítulo, material para que pudieran aprender allá en mi ciudad. Le pedí a un tío de mi esposa que vive en los EEUU que comprará los libros con su tarjeta de crédito para yo pagarle via giro (para comprar se necesitaba tarjeta de crédito). Me contestó que no había ningún problema: el me los regalaba, incluido el envío.Tan pronto llegaron los libros por correo rápido, los devoré. Una vez, dos veces, tres veces. Hasta que tenía “clara la película”. Entonces empecé a traducir “Los Siete Colores del Arco Iris”… poco a poco, pedazo a pedazo, lo iba venciendo… Envié una misiva al autor informándole sobre lo que estaba haciendo y explicándole que era gratis.

Para optimizar el tiempo decidí cambiar el formato en que traducía. Decidí usar la única herramienta más o menos afín que yo sabía usar: LaTeX, un software hecho por matemáticos para matemáticos para escribir matemáticas.

No se cómo, unos cuantos noájidas pioneros – con especial mención a mi amigo colombiano David Fernández – se unieron a mi suegra en ser los primeros en recibir a retacitos mi trabajo de traducción. Cuando andaba ya por capítulo 12, se unió a estos pioneros el mismísimo autor. Con su bendición, llegamos al final e la traducción. Nunca olvidaré un buen día en que recibí una llamada telefónica desde Israel: era el mismísimo rabino que me quería felicitar por haber concluido la traducción. Para mis adentros, él no tenía porqué felicitarme, era sólo mi deber. Lo mínimo que se puede hacer para resarcir el daño que hice al encaminar a personas para que se convirtieran al Cristianismo.

Mi suegro, de bendita memoria, me decía siempre que me mantuviera integro. Que no me juntara con personas de mal corazón pues estas “te tratan de ensuciar del lodo que los cobija y, cuando te ven que te quieres limpiar, tratan por todos los medios de evitarlo para  que no les hagas ver que es posible enmendar el camino”.

Mi pasado está ahí. No lo puedo cambiar. Pero el futuro está abierto aquí y ahora. Yo decido construirlo de la mejor manera posible. Con ayuda de Dios, la siguiente generación, nuestros hijos, tendrán otro tipo de retos en el camino de Dios, el camino de la moderación.

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Sobre el autor: El Dr. J. Mayorga es Matemático de profesión, Suma Quan Laude y mejor graduado de su promoción en Escuela Politécnica Nacional – Ecuador. Obtuvo su Doctorado en Ciencias de la Ingeniería (Mención en Modelamiento Matemático) en Universidad de Chile – Chile. Tiene dos postdoc: en Universidad de Talca en Chile, y en el Technion (Israel Institute of Technology) en Haifa – Israel. Es noájida observante y trabaja desde hace varios años por promover entre los hispanoparlantes la observancia de las Siete Leyes Universales, herencia de las naciones de acuerdo con la tradición judía. Ha traducido del inglés al español “Los Siete Colores del Arco Iris” (Y. Bindman), “El Camino del Gentil Justo” (Ch. Clorfene & Y. Rogalsky) y “¿El Verdadero Mesías?” (A. Kaplan).

Acerca de Juan Mayorga Zambrano

Juan Mayorga Zambrano, Ph.D. Profesor Investigador Ecuador
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