El rezo de un noájida ateo


“Cuando un Noájida/Gentil se ve presionado por una emergencia personal, se espera definitivamente que rece a Dios. Tal plegaria demuestra una creencia básica en Dios, exhibiendo la confianza de que sólo El es Quien da el sustento y que sólo El sana. Aquel que no reza a Dios en época de necesidad demuestra que no crée en El sino en otras fuerzas”. Rabino Moshé Feinstein respecto a los Noájidas/Gentiles y la plegaria.

He crecido junto a mis hijos y a mi esposa. Ellos son una fuente inagotable de retos. Ellos me dan mucho más de lo que yo les doy. Cuando miro atrás en el tiempo y me miro soltero veo a un hombre super egoísta, para quien el matrimonio jamás fue algo que “necesariamente debía tener su tiempo” como sostenían mis amigos.

Yo fui ateo hasta hace unos diez años. No era un ateo por “conveniencia”, yo era militante y “pulido” en mis “conocimientos”: cuando llegaban misioneros a mi puerta, los recibía sin temor alguno. Nunca me dejaron una duda y más bien, muy frecuentemente, los dejaba con interrogantes sobre su propia f’e, y es que no me era difícil hallar contradicciones lógicas en sus planteos…

Sin embargo, una tarde de sábado en medio de una depresión (producto de una ruptura sentimental adolescente) us’e mis labios: “no me interesa el matrimonio pero, si existes Dios, tienes que darme la mejor mujer del mundo“. No me voy a hacer el santo diciendo que quería una mujer llena de virtudes y que no me interesaba la apariencia física… Por supuesto que me interesaba! Pero sabía perfectamente que para conseguir una “cara bonita” la cosa no era tan complicada – para eso (decía yo)  bastaba un buen uso de estrategia, táctica y perseverancia. Pero, intuitivamente (o quizás por el dolor que sentía en ese momento) la cuestión de “virtudes y valores”, especialmente fidelidad, a donde apuntaba finalmente mi llamado al Infinito,  no era una cuestión simple. Así que de alguna manera ret’e a la Fuerza Sustentadora del universo para que demuestre Su existencia con lo más difícil del mundo. Esto sucedió como hace unos quince años atrás…

 Desde que tuve aquel quebrantamiento amoroso – infantil pero terriblemente doloroso – pasaron unos cuatro años hasta que me dí el lujo en entablar un (pseudo)enamoramiento, un segundo, un tercero… Bad mistakes, porque, con suerte, la cosa duraba una semana o dos… Yo era la falla, el problema. Y como estudiante de matemática, trataba por todos los medios de despejar la incógnita, hallar la manera de solucionar un problema real: una creciente insatisfacción con mi estado.

Puesto que no podía establecer un enamoramiento sano decidí que no era eso no que faltaba. Despu’es de un mal entendido con mi grupo de amigos, me alej’e y opt’e por buscar aquello que me faltaba…

Una noche de viernes, apesadumbrado y sin tener mayor cosa que hacer, decidí visitar a la familia de un amigo que hace como un año había muerto. A pesar de la diferencia de edad era mi mejor amigo, como un hermano mayor. Llegu’e, timbr’e y salió una de sus hijas. Le salud’e, converzamos un poquito sobre su familia y, sin saber por qu’e, le pregunt’e – aún sabiendo que la respuesta casi segura sería un no – si quer’ia salir a caminar un poco. Pero la respuesta fue un “bueno. Espera voy a pedir permiso a mi mami“. Pedir permiso? Yo nunca pedía permiso a mis padres, simplemente informaba con tiempo que iba a salir. Además ella ya era mayor de edad…

Converzamos mucho, sobre su familia, sobre su padre, etc. Algo me atraía en ella que no había visto antes. Ahora que lo veo en retrospectiva fue su decidida fe en Dios y su capacidad para contrapuntear palmo a palmo mis argumentos – a pesar de que sus puntos a veces eran errados estaban plenos de convencimiento: los vivía y no sólo hablaba sobre ellos. Adem’as, a diferencia de cuando trataba con misioneros a quienes lanzaba mis dardos sin reparo alguno, acá por primera vez yo hacía un esfuerzo enorme por no herir sus creencias – me importaba que ella estuviera bien.

El fin de semana siguiente fui de nuevo. Esta vez su madre sorprendió a sus tres hijas: cuando le fue pedido permiso para salir, dijo: “mejor hazle entrar, que tome cafesito“. Siempre tuve mucho respeto por la señora pero nunca había siquiera converzado con ella – cuando iba a esa casa era para converzar con mi amigo Enrique. Acepte pasar al “cafesito” pero me encontr’e con una sabrosa y abundante comida, y yo que no había merendado…

Semana a semana se iban minando mis convicciones. La pregunta existencial no me dejaba en paz. Y finalmente reconocí que existía Dios.

Si bien no dí en el blanco ansiado – el Monoteísmo -puedo decir que, aunque errado en muchos conceptos, había un movimiento en la dirección correcta. Mi búsqueda de la Verdad no trajo consigo un jardín de rosas a mi matrimonio; pero si había una persona en el mundo que tuviera la capacidad para manejar los temblores y aludes que se corresponden a dejar una religión idolátrica (en nuestro caso fue el Cristianismo Pentecostal) sin dejar la lucha por construir un hogar con una persona tan complicada como yo, esa persona era Carmita, mi esposa.

Llevamos casi siete años observando las Siete Leyes de los Hijos de No’e. Nuestro matrimonio está sentado en bases muy firmes con una proyección hacia el futuro. Yo que cuando colegial era agnóstico ante el matrimonio, ahora espero y ruego al Creador porque me de años de vida y salud para ver a mis nietos y bisnietos y tataranietos. Pero este no es un cuento de Hadas, nos ha costado mucho llegar al lugar donde estamos. Por ello lo valoramos y sabemos que no podemos descuidar la empresa.

Ciertamente la Divina Providencia encauzó situaciones, coincidencias y circunstancias, cosas para que aconteciese ese viernes por la noche. Pero creo y siento, que yo mismo desencaden’e de alguna manera esa serie de cosas “fortuitas” cuando abrí mis labios ateos y rec’e hace tantos años atrás…

“Todos los seres humanos a lo largo de la historia han experimentado, cuando la situación lo ha demandado, momentos de oración verdadera de esta manera, con todas las “manchas” superficiales de falsa religión repentinamente removidas. El conocimiento de las Siete Leyes permite a todo individuo vivir así todo el tiempo”. Rabí Y. Bindman en “Los Siete Colores del Arco Iris“.  

 

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Sobre el autor: El Dr. J. Mayorga es Matemático de profesión, Suma Quan Laude y mejor graduado de su promoción en Escuela Politécnica Nacional – Ecuador. Obtuvo su Doctorado en Ciencias de la Ingeniería (Mención en Modelamiento Matemático) en Universidad de Chile – Chile. Su trabajo de investigación tiene que ver con métodos matemáticos de la Mecánica Cuántica. Fue representante en Chile y coordinador internacional de Fundación Luz de Vida, creada con el propósito de promover entre los hispanoparlantes la observancia de las Siete Leyes Universales, herencia de las naciones de acuerdo con la tradición judía. Ha traducido del inglés al español “Los Siete Colores del Arco Iris” (Y. Bindman), “El Camino del Gentil Justo” (Ch. Clorfene & Y. Rogalsky) y “¿El Verdadero Mesías?” (A. Kaplan).

 

 

 

 

  

 

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Acerca de Juan Mayorga Zambrano

Juan Mayorga Zambrano, Ph.D. Profesor Investigador Ecuador
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2 respuestas a El rezo de un noájida ateo

  1. Siempre bienvenido mi amigo Juan Pablo. Gracias por tus palabras tan acertadas. Abrazo, Juan

  2. Juan Pablo dijo:

    Juan, ¡Que bueno que no ha sido fácil!
    De verdad, sabes que el disfrute es mayor, cuanto mas sea el esfuerzo, gracias por regalarnos un pedazo de tu vida.

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