Utopilandia


Desde hacía tiempo venía sosteniendo que, para Ecuador, la figura de República es como una casa con vigas débiles y demasiado peso en el techo. No es cuestión de si se caerá – decía yo – es sólo cuestión de tiempo para ver cuándo…

Bueno, ya se cayó. Bastó un empujoncito del popular y populista dictador.

Hace un par de años, comentando con un colega matemático guayaquileño sobre los problemas del país, coincidiamos en la urgente necesidad de tener un sistema de autonomías que permitiera descentralizar de verdad a mi país querido, el país de Manuelito y Juanelito. De hecho, yo proponía que la figura necesaria era la de una República Federal, ojalá parlamentaria. Un país con varios estados: sincerar nuestra riqueza en diversidad.

Mi colega saltó de alegría ante la idea pero pronto, por su propio análisis, cayó en cuenta que no era nuestro tiempo…

Con apropiada visión, aquella que seguramente le dan los años de experiencia, mencionaba al Ejército ecuatoriano como uno de los mayores obstáculos. Bueno, tenía razón, a medias al menos.

Es que al pueblo ecuatoriano le encanta el populismo – incluso más que la fritada, o el pan de pinllo o un buen encocado de pescado. Le gusta de aquel populismo que vende jabón de siete esencias, ese que cura el cáncer, el sida y hasta el mal de ojo. ¿O era el mal de lengua? Y nuestro ejército siempre se ha preciado de ser sensible al clamor popular…

En resumidas cuentas, si al pueblo le gusta el populismo, el ejército se hará eco de ese sentir. Entonces, ¿qué importa violar la constitución vigente del país que prohibe expresamente al ejército involucrarse en actividades económicas que no sean estratégicas para la defensa del país? Y ahí tenemos a las carreteras, al sector petrolero, etc. en manos de los militares.

Presento a continuación un artículo de Ivonne Guzmán (El Comercio, Ecuador). Muy bien escrito, da en uno de nuestros defectos – ¡porque ser manuelito o juanelito ya es de todos! La señora Guzmán habla de la Patria Peter Pan, yo a veces pienso que es Utopilandia.

Ahora que lo pienso bien, el jabón ese curaba sólo el mal del ojo. ¡Claro! Por eso ningún periodista ecuatoriano le ha recomendado al dictador que se bañe con ese jabón: el mal de su señoría es el mal de lengua.

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Todos somos Peter Pan

Ecuador es un país lleno de ‘Niños perdidos’ en busca de la felicidad eterna, pero sobre todo de una instantánea.

Por Ivonne Guzmán, El Comercio, Ecuador, 23.01.2008

Dicen que todos tenemos algo de niño… Una idea encantadora que se vuelve aterradora cuando se materializa en una sociedad entera que padece niñez crónica, es decir, que se niega a ser adulta. Una ‘Patria Peter Pan’ (PPP).

Aunque hasta la fecha solo los psicólogos nos habían hablado del Síndrome de Peter Pan (a muchos, mientras reposábamos en el diván), ya va siendo hora de que todo politólogo, sociólogo, antropólogo o ufólogo que quiera entender al Ecuador se familiarice con el término.

Hay pruebas recientes que avalan el diagnóstico de esta neurosis colectiva. ¡No me van a decir que no vieron la marcha del sábado pasado en Guayaquil! Bueno, si se perdieron ésa, todavía tienen el chance de ver la marcha de mañana. En ambas está pintado el País de Nunca Jamás, también conocido como Ecuador. Un país lleno de ‘Niños perdidos’ (como la pandilla de Peter Pan) en busca de la felicidad eterna e instantánea.

¿Quieren saber cuál es el rasgo que define a la PPP? Su deseo ferviente de seguir creyendo que las cosas prácticas de la vida se resuelven por arte de magia.

Ese ardor pueril hace que le creamos al mago de turno. Aunque sus trucos sean tan baratos como los de un charlatán que vende pócimas que curan desde una espinilla hasta un cáncer. Pero la PPP es niña y su fe en la magia es inquebrantable.

La PPP cree y por eso sale a la calle a respaldar a su héroe, el mismo que le ha prometido que le dará el don de volar o cualquier otro; tal cual Wendy y sus hermanitos siguiendo a Peter Pan.

La PPP le apuesta todo a la magia, porque es eso o enfrentarse cara a cara con las responsabilidades de la madurez. El pánico circula por cada célula de la pequeña criatura que no quiere saber nada de responsabilidades, compromisos o trabajo arduo.

Por eso, por ejemplo, prefirió creer que una vez sin Congreso los males del país terminarían para siempre. Como por arte de magia.
Es que la vida en el País de Nunca Jamás es ‘cheverísima’, porque ahí siempre hay un alguien que hará las cosas por nosotros y un otro que tendrá la culpa de todo lo malo que pase.

Y aunque en el País de Nunca Jamás el tiempo no existe, la PPP tiene su agenda secreta para el 2008. ¡Vean cuántos eventos fantásticos!

Uno de ellos es que este año Barcelona será campeón, porque llegó Eduardo Maruri y obviamente ya está todo solucionado. ¡No serán amargados! Ni se atrevan a pensar que esto es apenas el inicio de un proceso.

Ahí va otro: con las marchas de enero en Guayaquil, el Capitán Garfio (Correa y Nebot, cada uno en su turno) será derrotado.

Ya, el último: después de mayo -cumplidos los seis meses de la Asamblea- bienestar y felicidad están garantizados para todos. ¡En serio! La garantía: el “infinito amor” que profesan a la PPP los magos de la nueva Constitución.

Yo por eso cuando sea grande quiero ser maga, para hacer las delicias de mis compañeritos de la PPP.

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Acerca de Juan Mayorga Zambrano

Juan Mayorga Zambrano, Ph.D. Profesor Investigador Ecuador
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Dictadura, Economía, Ecuador, Latinoamérica, Política, Populismo. Guarda el enlace permanente.

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