No hay nada más duro que la suavidad de la indiferencia


En una buena democracia los poderes han de estar bien distribuidos; el Legislativo, el Ejecutivo, el Judicial, rueda cada uno en su órbita respectiva, sus jurisdicciones se tocan, pero jamás se confunden: si el uno quiere conquistar algo, si pone el pie en el territorio de los otros, piérdese el equilibrio, tambalea la máquina, se desquicia y cae desbaratada. Juan Montalvo Fiallos (1832 – 1889)

Hubo un país una vez hace casi unos docientos años. Un país que nació con ganas de libertad. Hubo una vez un país que, contagiado por los aires emancipadores del continente joven, buscaba hacerse de un nombre…

So pena de pluralidad de identidades, se imaginó a sí mismo como una unidad homogénea. Se creyó el cuento de la máscara que vistió. Una máscara heredada por sus ibéricos conquistadores….

Érase un país nacido con ganas de leche – democracia – y sediento de aroma fresco – libertad, pero que pronto trastrabilló ante las ansias de poder de sus innumerables dictadores. Tantos que con mi frágil memoria sólo recuerdo a los más “notables”, y claro veo a los actuales.

Hubo un caballero de aguda pluma que optó por no claudicar ante el totalitarismo del dictador. Que se rebeló aunque gran parte de la población estaba feliz con su señor.

A quienes no comulgaban con su estilo, el dictador (dígase García Moreno, dígase Veitimilla…) los callaba. O “misericordiosamente“, los deterraba… Y desde el destierro el caballero luchaba:

El gobernante que no permite hablar ni escribir es tirano; el pueblo que no puede ni lo uno ni lo otro, esclavo. Juan Montalvo

Su apellido era Montalvo. No calló. Luchó de la manera que podía hacerlo: con su pluma erguida y vibrante. Si lo tuvieramos en escena, pediría a gritos que le enseñen a usar computadoras y blogs y medios masivos de comunicación… Para retomar su tarea de luchar contra el dictador aunque las masas gocen ignorantemente con el show del Estalinismo de siglo 21.

Si Montalvo viviera, ya hubiera bañado de tinta a la arbitrariedad. A aquella que usando a las masas se engrosa de poder.

Casi siempre los pueblos tienen la culpa de su servidumbre. Juan Montalvo

Si Montalvo viviera, ya hubiera bañado en tinta al tirano. Y creo que animaría a los jóvenes venezolanos. Como bien lo dice el escritor venezolano Ibsen Martínez (El País – España):

El movimiento estudiantil que, desde mayo pasado, desafía en las calles con tácticas de pacífica resistencia civil las más aparatosas medidas tomadas por Chávez para acallar arbitrariamente los medios independientes privados, ha resultado un agente colectivo novedoso tanto para la durante años errática dirección política opositora como para el propio Chávez…

Una reportera de la televisión oficial (hace pocos meses), sorprendida en el fondo como el que más por la repentina aparición de millares y millares de chicos y chicas de todos los sectores sociales en las manifestaciones de protesta, entrevistaba a uno de sus dirigentes:

-¿Pero de dónde han salido ustedes? ¿Dónde han estado todos estos años?

-Estábamos creciendo, mamita -fue la fulminante y jocunda respuesta del chico quien, efectivamente, y como los millares que se han incorporado al llamado “Bloque por el No”, contaría sólo nueve u 11 años de edad cuando el comandante ganó las elecciones de 1998“.

Que luchen, maduren y ayuden a enrumbar la nación por los caminos de la libertad, de la democracia y el respeto de la ley.

Desgraciado el pueblo donde los jóvenes son humildes con el tirano, donde los estudiantes no hacen temblar al mundo. Juan Montalvo

¿Cuántos años tendrán que pasar para que se manifieste una nueva generación en Ecuador que cuestione, razone y se levante como sus pares venezolanos?

Parecería que están creciendo o que están fuera del país, porque la colectividad votante de mi patria está encantada con que le roben sus libertades civiles.  

La ley es la expresión de la voluntad general. Juan Montalvo

Vota mayoritariamente porque escriban para el tirano una nueva Carta Negra. Como bien lo recuenta Simón Espinosa Cordero

García Moreno necesitaba de una nueva Constitución para ejecutar sin trabas su proyecto de modernización y centralización unificadora. Con el fin de asegurarse de que se la expidiera con prontitud, disminuyó el número de convencionales (asambleistas) a un total de 30. Los elegidos eran partidarios del dictador. Hubo entre ellos dos ministros de Estado en ejercicio, dos generales, un teniente coronel, un obispo, tres sacerdotes y dos cuñados del presidente. La Asamblea Constituyente duró 104 días y sesionó también casi todas las noches. Promulgó la octava Constitución, reformó los códigos Civil y de Enjuiciamiento Penal y Militar; dictó leyes de elecciones, caminos vecinales, cajas de ahorro y bancos hipotecarios; y eligió presidente.

Como García Moreno había jurado por Dios que no aceptaría el mando aunque fuese elegido, renunció con piola. Veintisiete de los 27 convencionales presentes rechazaron la renuncia. La ceremonia de aceptación en la iglesia de la Compañía de Jesús tuvo la sacralidad de un acto litúrgico.

“La prensa enmudeció, Montalvo salió de la República. Los liberales cuencanos tuvieron que callar… Y el Ecuador debió aparecer a los ojos de los extraños como el ¡hato obediente de indios gobernados por la vara de un alcalde!, según la gráfica expresión de un viajero inglés “, comenta el historiador Luis Robalino Dávila.

La octava Constitución o “Carta Negra” convertía al presidente en un dictador legal con amplio poder de veto; en un amo del Consejo de Gobierno, organismo que aprobaba el estado de sitio durante los recesos legislativos; en un elector poderoso de los magistrados del poder Judicial; en un dueño del Congreso, que, en caso de ausencia de su presidente ordinario, debía ser presidido por el ministro de lo Interior; en un ser indispensable que debía gobernar seis años y podía ser reelegido de inmediato; en un dueño de la burocracia, a la que podía remover libremente sin fórmula de juicio, y en un enemigo imbatible respaldado por la pena capital para los delitos políticos.

La Constitución excluyó el culto público y privado de las demás religiones, impuso la religión católica a los ecuatorianos y obligó a los poderes públicos a protegerla y hacerla respetar. La Carta Negra fue refrendada en el plebiscito de julio de 1869 por 13.640 votos para el sí y 514 para el no.

¿Encuentra usted alguna coincidencia con el estilo de las constituciones que promueven Chávez, Correa y Morales?

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Sobre el autor: El Dr. J. Mayorga es Matemático de profesión, Suma Quan Laude y mejor graduado de su promoción en Escuela Politécnica Nacional – Ecuador. Obtuvo su Doctorado en Ciencias de la Ingeniería (Mención en Modelamiento Matemático) en Universidad de Chile – Chile. Su trabajo de investigación tiene que ver con métodos matemáticos de la Mecánica Cuántica. Ha sido Representante en Chile y Coordinador Internacional de Fundación Luz de Vida, creada con el propósito de promover entre los hispanoparlantes la observancia de las Siete Leyes Universales, herencia de las naciones de acuerdo con la tradición judía. Ha traducido del inglés al español “Los Siete Colores del Arco Iris” (Y. Bindman), “El Camino del Gentil Justo” (Ch. Clorfene & Y. Rogalsky) y “¿El Verdadero Mesías?” (A. Kaplan).

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Acerca de Juan Mayorga Zambrano

Juan Mayorga Zambrano, Ph.D. Profesor Investigador Ecuador
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