¿Caminar o no caminar?


Como parte de mis estudios de doctorado tuve la oportunidad de trabajar durante seis meses en Universitè Paris IX, Dauphine. Durante ese lapso me alojé en una residencia de estudiantes del distrito 18, al norte de París (estación Metro Porte Clignancourt) – lleno de gente de los más diversos orígenes, principalmente árabes y africanos, pero también se sentía la presencia de turcos y latinoamericanos. Había también una pequeña sinagoga en la parte más externa del barrio. Un buen barrio.

Para ahorrar algo más de dinero (quería comprar un computador a mi vuelta a Chile) decidí caminar todos los dias (salvo imprevistos) de la residencia a mi oficina en el distrito 16 (Metro Porte Dauphine) y también de vuelta. Quienes conocen París se podrán dar cuenta que no es una distancia pequeña. Caminando (y yo camino bastante rápido) me tomaba un poco más de 1 hora hacer el trayecto así que la inversión diaria eran dos horas de suela de zapatos versus 2.40 euros que correspondía a hacer dos viajes en los vericuetos del tren subterráneo de la Ciudad Luz.

Pasó el tiempo y efectivamente ahorré algo más de dinero y cuando volví a Chile, compré el computador. Pero la ganancia más grande del “sacrificio” que representó vencer mi sedentarismo = flojera = conformismo fue que perdí 20 kilos. Cuando salí de Santiago pesaba 105 kilos. Esos 105 kilos me habían costado mucho esfuerzo – de mi mandíbula e intestinos claro está.

Cuando volví a Santiago, llegué con mi equipaje a mi domicilio con muchas ganas de ver a mi esposa y a mis hijos – por quienes soy ahora una mejor persona y por quienes logré alcanzar mi PhD – y miré la cara de susto que puso mi señora. “Pasa“, atinó a decir para después de pocos minutos preguntar, “¿qué pasó? ¿no comiste? ¡pareces salido de un campo de concentración! ¿tienes hambre? ¡Siéntate a la mesa! ¡AHORA!“. La verdad no tenía hambre pero había que readaptarse al hogar – donde orgullosamente digo que mi señora es la que manda – así que obedecí…

Después de un par de meses, cuando faltaba poco para Rosh Hashaná, el año nuevo judío – fecha en que Dios establece el “presupuesto” que nos corresponde a todas Sus criaturas – con mi señora nos pusimos a evaluar lo que había pasado durante el año que terminaba. Habíamos hecho peticiones a Dios el anterior Rosh Hashaná y lo que encontramos fue sorprendente: ¡casi todas nuestras peticiones fueron cumplidas! En lo único en que no recibimos lo pedido, fue porque nosotros no pusimos nuestra parte.

En particular Dios me dió la computadora que yo le había pedido. El “negocio” que le había propuesto al Creador fue que si me daba un computador ese año yo iba a traducir dos libros más al Castellano de manera gratuita (igual que lo había hecho con “Los Siete Colores del Arco Iris” de Rabí Bindman). “¿Y cómo es eso?“, me dirá usted, “acaso no dijo al principio del artículo que usted fue el que gastó suela de su zapato, que usted fue el que se esforzó?

A cada segundo el Eterno nos da vida. El está en control de toda Su creación, ¡siempre! Pero, al mismo tiempo, Dios nos ha concedido el privilegio de administrar nuestras vidas – nosotros elegimos para donde enrumbarla. Y para ello, Dios no dá las herramientas, depende de nosotros hacer buen o mal uso de ellas.

Por tanto, la suela de mis zapatos no fue más que mi parte en el negocio que le plantée al Creador. El puso su parte y yo puse la mia, ¿resultados? Muchos y positivos.

Si usted ha leido el “Camino del Gentil Justo” (Clorfene & Rogalsky) en Castellano, ya sea que lo haya hecho en Fulvida.com o en mi blog, o ya sea que haya obtenido el archivo pdf de Fulvida.com, de mi blog o de la página de Jabad Ecuador, ¡agradézcale a Dios por ello! Y no se olvide de pedir en sus oraciones por Rabí Chaim Clorfene quien siendo dueño de los derechos, generosamente liberó este material para que usted acceda a él gratuitamente, en la convicción de que sólo volviendo a las Siete Leyes, las naciones latinoamericanas reenrumbaran su propio destino hacia el progreso, hacia lo positivo, lejos de los cultos a la personalidad, lejos de los autoritarismos populistas que nos aquejan (y por los cuales somos al menos co-responsables).

La bendición de Dios no estuvo en la computadora, ni en las peticiones cumplidas. La bendición de Dios estuvo (y está) en que nos concedió (y nos concede) las herramientas para usarlas inteligentemente en pro del mejoramiento del mundo en sus diferentes escalas y alcances.

Amigo noájida, como dicen los amigos economistas, ¡no hay almuerzo gratis!
Usted debe hacer su parte: ¡esfuércese por sacar de su mochila aquellas piedras, falacias, y bultos de estiercol que son resabios de su pasado idolátrico! Y camine, camine, no deje de caminar, pues quizás a usted también le hace falta perder unos cuantos kilos, ¿o no?


Foto: La Torre Eiffel (Tour Eiffel) es una estructura diseñada por el ingeniero francés Gustav Eiffel con ocasión de la Exposición universal de 1889 en París. Se erigió en dos años.

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Acerca de Juan Mayorga Zambrano

Juan Mayorga Zambrano, Ph.D. Profesor Investigador Ecuador
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