El dolor de la transición


Por Carmen H. (Texto publicado originalmente por Fulvida Internacional)

El gato que se quema con la leche ve la vaca y llora”, fue la respuesta que Yehuda Ribco, me dió cuando yo le hice una serie de preguntas, a raíz de mi salida del Cristianismo.
Han pasado cuatro años desde que le escribi a Yehuda y es la primera vez que puedo leer esa carta sin lágrimas en mis ojos…
De hecho, creo que es la tercera o cuarta vez que la leo durante estos 4 años, porque simplemente no querìa “llorar“.
Quería olvidarme de la existencia de la misma…

Ha sido duro para mi aprender a usar mi “libre albedrío“, y recién ahora entiendo el contenido de cada palabra expresada en dicha carta.

Estoy segura que hay mucha gente que pasó o está pasando por algo similar y es por esta razòn que me atrevo a escribir.

Durante todo este tiempo he tenido, gracias a Dios, a mi lado a mi esposo que con gran paciencia ha sabido soportarme y ayudarme a despejar tantas dudas y a superar tantos miedos…

¿Ustedes entienden a lo que me refiero con “miedos“?
Miedo a vivir fuera de la iglesia.
Miedo a relacionarme con otras personas.
Miedo a orar.
Miedo y vergüenza a decir “estaba equivocada“…

Pero, ¿cómo no tener miedo si ha eso estaba acostumbrada?
Que si no hacía lo que decía el “pastor” o los “líderes“, o que si no iba a la iglesia, o que si no iba a la vigilia, o que si no oraba, etc., todo esto me provocaría una enfermedad, o me iba a poseer un “ser maligno” o, en el peor de los casos, me iba a ir al infierno.

Estaba acostumbrada a que me movieran como un títere…

Al salir del Cristianismo y conocer las Leyes Noájidas, me encontraba con algo muy raro para mi, porque podía pensar, podía usar mi libre albedrío, por primera vez me sentía libre y no sabia como usar esa libertad

Era tanta mi inseguridad en mi capacidad como persona que a veces añoraba lo que había dejado atrás y no me refiero a volver a la idolatría, sino a seguir dejando que otros piensen por mi.

Me costó pero estoy aquí como una nueva persona siendo capaz de usar mi libertad.
No tengo necesitad de un “pastor” ni de un “líder” ni de una iglesia para cumplir los Siete Mandamientos que como noájida me corresponde cumplir; ahora uso mi cerebro y la capacidad que Dios, el Rey del Universo, me dió para conocer la verdad.

Ojalá estas palabras le sirvan a alguien para saber que se puede vivir una vida nueva, libre de miedos y ataduras.

Al escribir esto mi único objetivo es que si hay alguien que está pasando por algo similar a lo que yo ya pase sepa que poniendo un poco de su parte, Dios mismo va a guiarle para seguir en la verdad que él nos dió y, seguramente màs adelante, va ha estar ayundando a nuevos noájidas en la transición de la idolatría a la Verdad.

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