Evolución y Machismo


(Publicado originalmente por Fundación Luz de Vida Internacional)

Soy matemático. Mi esposa dice que tengo la cabeza “cuadrada”… pues hasta en las cosas más triviales no puedo dejar de ser matemático. Ni quiero ni puedo contradecirla.

En una reunión familiar ella me pide que vaya con mi sobrina a la tienda de la esquina y que compre una bebida gaseosa de 2 litros y me advierte que no compre Coca Cola.

Tomo a mi sobrina, quien sabe que ese tipo de salidas implican alguna golosina, y llegamos al negocio. Y lo tengo claro: “no Coca Cola”. Empiezo comprando un chocolate para mi sobrina y otro para mi (tenemos que acabárnoslo antes de llegar a la casa para que no se enteren de la picardía – “no hay golosinas antes del almuerzo” dice la regla). Y que buena sorpresa, una de aquellas marcas de bebida nuevas que han aparecido est&aac
ute; de promoción: al mismo precio de las bebidas más conocidas se puede comprar una botella de 3 litros. Y lo mejor es que “no es Coca Cola”… La compramos y vamos caminando despacito para acabarnos el cochocale, que en esta ocasión fue de leche.

Mi sobrina llega feliz a la casa gritando a todo el mundo su inocencia: “¡el Juan me compró un chocolate y también compramos bebida!”. Sale de la cocina mi señora para ver qué es lo que compramos y estalla: “¡te dije que no compraras Coca Cola y compras esa otra cola negra! Pero si eres hasta matemático: ¿cómo es posible que no razonaras que por algo no quería Coca Cola?” Y yo contesto que “he cumplido con lo que pediste. Dijiste `no Coca Cola’ y he cumplido”.

Sale mi suegra a calmar los ánimos y reprende a mi señora. “Pero hijita: a los hombres hay que decirles las cosa explícitas. Tu taita también era así”. Agradezco una vez más a mi suegra, que Dios me la bendiga siempre, y me escurro a otra habitación a dialogar con otro miembro del sindicato – mi concuñado. El sí me entiende…

No puedo olvidar este suceso. Pero como ya he dicho, no es aislado…

En estos tiempos en que ya no hay trabas sociales reales para que las mujeres puedan estudiar y practicar la profesión de su elección es una interrogante frecuente en las escuelas de ingeniería y ciencias el por qué es tan abrumante la mayoría de hombres versus mujeres. Hasta hace algunos años, el planteamiento generalizado era que “es por puro prejuicio social” y los que decíamos otra cosa éramos simplemente los “típicos machistas latinoamericanos”. Algo puede haber de ello pero hoy en día el criterio ha cambiado a que “los cerebros de hombres y mujeres tuvieron evoluciones diferentes conforme a las actividades que desde la prehistoria humana teniamos que realizar”. Pero ya no somos un grupo insignificante los que sostenemos que “simplemente hombres y mujeres tenemos cerebros diferentes per se”.

Mi mujer hace alcanzar el dinero hasta fin de mes. Hace calzar los “números”.

Yo llevaría a a la bancarrota al mismo Tesoro de los Estados Unidos…

Para dejarlo claro: tanto el hombre como la mujer tienen igual valor potencial. Pero la forma en que el Creador ha determinado como viene empaquetado tal valor potencial es distinto en hombre y mujer. El hombre tiene una tendencia hacia lo racional y lógico. La mujer tiene una inteligencia más emocional. Está es una verdad estadística: por supuesto que se pueden encontrar mujeres como Marrie Curie que se elevan hasta la élite del conocimiento científico pero, estadísticamente, hay muchas menos Marrie Curie que Albert Einstein.

Y para aclarar más mi machismo: puesto que conforme a la Torá, Dios creó a la mujer después del hombre, y la narración del Génesis va de lo menos evoluciano a lo más evolucionado, la única conclusión evolutiva que podría deducirse es que la mujer es un organismo más evolucionado que el hombre. Así lo enseñan los rabinos.

Toda persona en algún momento piensa en qué quisiera que se lea en su epitafio. Algo trascendental que haya cambiado para bien a la sociedad es el sueño de muchos. Buena cosa. Para alcanzar tal tipo de trascendencia uno tiene que partir usando aquellos recursos y herramientas que nos han sido provistos por Dios. Potenciar nuestras fortalezas y luchar contra nuestras debilidades. Usar nuestro libre albedrío para hacer el bien. Y empezar reconociendo que en la diversidad hay riqueza.

Gracias a Dios, tengo un buena esposa que pinta de color mi casa. Si viviera sin ella, sería puro blanco y negro, verdadero y falso, sería muy cuadrada.

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Acerca de Juan Mayorga Zambrano

Juan Mayorga Zambrano, Ph.D. Profesor Investigador Ecuador
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